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Tic-tac.
Tic-tac.
Suena el tiempo
que se evade
por el sumidero
de cada aliento.
Un tic, un tac.
Otro tic, otro tac.
Acostumbrados a que vengan como hermanos siameses,
sin pausa consciente,
ordenados, perennes.
El pregonero de la Parca,
sin invitación, ni tarjeta,
se instala como cuña que separa
un tic de su tac.
Mil tics y dos mil de mis tacs
pasa entre tu tic y el perezoso tac
Tic de optimismo
Tac de angustia
Tic de esperanza
Tac de funesta certeza
Tic que se rinde
Tac que ya no lucha
Tic que llora
Tac que no consuela
Ya no cuento tics.
Ya no suenan tacs.
El último tic me confiesa
que tac no se presenta
porque está arriando tu bandera.

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