>El sexo no tiene cura
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Hay muchos que se creen a pie juntillas que lo único que no tiene cura es la estupidez. Podrían tener razón, pero deberían empezar por ellos mismos. Es una gran verdad que la estupidez humana llega a lugares que la inteligencia ni imagina. Pero es desternillante encontrar gente que cree que la homosexualidad es una enfermedad, claro que, una mente enferma se ve reflejada en multitud de situaciones. Quizás también sea la inseguridad sobre su propia sexualidad lo que lleva a perseguir desaforadamente a personas que no están dentro de su universo pequeñito y cuadriculado, en el que solo hay peras y manzanas por parejas.
Tampoco me extraña que estén inseguros, porque las posibilidades son muchas. Lejos de hombres y mujeres heterosexuales, dos arquetipos visados por el mismísimo dios; yo veo por un lado que dios falla más que una escopeta de feria y que al menos desde mi humilde punto de vista hay del orden de veinticuatro claramente marcados. Vale, humilde, personal y estúpido punto de vista, porque ni tengo formación como médico, ni como sociólogo, ni nada de eso; así pues como no tengo título en la materia me callo. Fin…No, no me callo, que si no reviento. Tengo una descalabrada teoría.
Antes de desgranar mi sencilla teoría, que quede claro que la unión entre dos personas no debería llamarse matrimonio, porque creo que tiene connotaciones arcaicas. Prefiero que le llamen a todo casorio. Porque sería muy duro para personas que no pueden tener hijos que se den cuenta después de tantos años que lo suyo no es un matrimonio, por muy del opus dei que sean.
El órgano sexual por excelencia es el cerebro, en él reside la propia identidad, la percepción que se tiene del entorno y de las personas, la interpretación de los sentimientos. Todo pasa por el cerebro. Se diría que todo el cuerpo está diseñado para dar soporte a este complejísimo órgano. Un órgano delicado, complejo, que consume la mayor parte del oxígeno del cuerpo. Un órgano que viene sin manual de instrucciones y que cuesta desentrañar su funcionamiento, su estructura interna, la dependencia entre las distintas interconexiones de unas partes y otras del cerebro. Estructura que hace que unas personas sean capaces de distinguir más colores o menos, que puedan distinguir con mayor o menor precisión más sonidos.
Así las cosas, creo que en el campo de la atracción sexual hay cerebros más femeninos y más masculinos. Como si se tratara de una regla deslizante en la que la estructura cerebral subyacente determinara alguno de los infinitos puntos que hay entre los dos extremos. Es decir, hay dos casos extremos marcadamente diferenciados e infinitos puntos entre ambos. En función de esta estructura cerebral unas personas se sentirán atraídas en mayor o menor medida e independientemente de su sexo, por personas de sexo masculino o sexo femenino. En la zona media de ambos estarían atraídos por personas de ambos sexos.
De esta forma podría explicarse situaciones reales en las que hay personas que se pueden sentir atraídas por personas de su mismo sexo, o del contrario exclusivamente, o que tiene curiosidad por las personas de su mismo sexo, pero de forma leve o sólo en el terreno de la fantasía. Desde mi punto de vista es una explicación natural y sencilla.
Bien, eso da séis posibilidades, ¿verdad? Hombre homosexual, bisexual o heterosexual. Simplificando, porque habría mayor o menor intensidad en los tres casos descritos. Y otro tanto para las mujeres. Séis arquetipos. Me habéis pillado, dije doce. O no.
Desde mi punto de vista hay dos conceptos a considerar: la identidad de género y la atracción sexual. La atracción sexual ya ha quedado clara y considero que es independiente del género de la persona. Ahora le toca el turno a la identidad de género.
Hay determinadas características físicas que pueden causar traumas. Orejas de soplillo, que la nariz sea enorme, que los pechos marquen las tres y cuarto o que el pene no te sirva nada más que para orinarte los muslos. Eso sólo con una parte de tu cuerpo que tu cerebro rechaza. Imagina como debe ser que tu cerebro rechace la totalidad de tu cuerpo. Imagina que una mañana te despiertas y tu cuerpo es del sexo contrario. Una vez que hayas terminado de magrearte y disfrutar de un sueño perverso hecho realidad, caerás en la locura; o por la ventana que es por dónde han caído muchas personas incapaces de soportar la cruel realidad en la que su cerebro estaba en un cuerpo equivocado.
De este modo hay personas que necesitan cambiar el género de su cuerpo. No creo que nadie que tenga algo de sentido común pueda pensar que es una acción viciosa. Soportar el dolor físico, el rechazo social de algunos, la incertidumbre de operaciones complejas, la hormonación perpetua. Si eso es vicio, darse martillazos en los huevos tiene que ser una orgía.
Así pues tenemos personas con cuerpo de hombre que cambian su género al de mujer, mujeres que cambian su identidad sexual a hombre, y también hombres y mujeres a los que la naturaleza fastidió menos. Cuatro grupos.
Además no hay que olvidar las personas que se sienten perfectamente a gusto con un cuerpo a medio camino entre hombre y mujer. Tanto hombres con órganos reproductores masculinos y el resto del cuerpo femenino. O mujeres que pasan por la mastectomía conservando sus órganos reproductores femeninos. Y por supuesto también hay casos de personas que tienen que pensar que el hermafroditismo es un acto de generosidad divina, tanto si van con cromosomas XX o XY. En el fondo otros cuatro grupos de personas.
Cada una de esas personas tiene un cerebro con una estrucutra, como ya relaté anteriormente, que harán que se sientan atraídas por personas de un sexo u otro, o ambos. Ocho tipos de cuerpos físicos con al menos tres inclinaciones sexuales marcadas posibles. Veinticuatro.
Dos no, señor cura, veinticuatro. Y todos ellos tiene sentimientos. Y todos ellos son personas.
Por ello no me sorprende casos en los que una persona cambia su identidad sexual de hombre a mujer y mantiene posteriores relaciones sexuales con otras mujeres. De ello se desprende que la identidad sexual va por caminos distintos a la atracción sexual.
La sexualidad es una parte importante de la vida de las personas, importante para la realización personal e importante en sus relaciones sociales. Caer en visiones retrógradas encaminadas a ensalzar características físicas sobre las que no se tiene elección y reprimir a los demás, es un acto cruel en el que se denota falta de humanidad y de respeto por las personas. No te vayas al manido argumento de que no es natural. ¿Tan seguro estás que viviendo en plena relación con la naturaleza habrías sobrevivido tanto tiempo como para pensar de ese modo?
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